susurras algo en mi oído,
Tu dedo,
empañado en registrar cada uno de mis defectos
mientras mis piernas firmes
rodean empequeñeciendo la distancia
entre esa cintura y yo.
Tu olor,
impregnando cada uno de mis poros
embriagando los sueños venideros
entregándome a la perdición de tu ausencia.
Mis palabras,
mis emociones, mis sentimientos
expulsadas sin orden, desde dentro
aprovechando antes de que me hagas enmudecer.
Después, cuando no estás,
no dejar que las heridas cicatricen,
en mi boca,
por eso de morderlas y sentir
que eres tú quien lo hace.
Deseosa de tus idas y venidas,
haciéndome cosquillas en los pies
cuando no me doy cuenta.
Mientras intento apartar las mariposas
que adueñadas de mis entrañas
no dejan de revolotear por ahí.
Cuando quieren.
Y es que, quién lo diría,
estoy enamorada.